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Entre Piratas y Corsarios, ¿con quién vas?

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¿Qué niño no prefiere ser pirata o corsario antes que sufrido marinero de un galeón español? ¡Menudo aburrimiento! Salir a la aventura, la incertidumbre diaria, el riesgo, amasar fortuna, tesoros, no rendir cuentas y desaparecer … ¡esto sí que mola!, por desgracia…

La realidad es que nos encontramos “entre dos aguas”.  El negocio de la venta de software constituye un gigantesco mercado, tanto a nivel mundial como nacional, qué duda cabe: un océano de oportunidades.

Sin embargo, la correcta gestión de los derechos de uso de los programas que utilizamos es toda una aventura en la que sabemos cuándo nos embarcamos (al aceptar el acuerdo de licencia del primer programa comercial que instalemos) pero en la que es muy difícil saber cuándo y a qué puerto llegaremos, toda vez que nuestra travesía se verá salpicada por la abundante presencia de piratas, dispuestos a invitarnos a asaltar hasta el más respetable navío, y amenazantes corsarios, dispuestos a saquear nuestra cartera al amparo de unas modernas e ininteligibles patentes … «de corso legal».

Haciendo un poco de historia, debemos recordar que el corsario estaba limitado en su acción por su patente (o permiso concedido por un Gobierno), por lo que sólo podía capturar mercantes de determinados países y, en muchas ocasiones, estaba obligado a repartir el botín y el rescate con el Estado. Esta es la principal diferencia con los piratas, que atacan cualquier buque sin tener que rendir cuentas a nadie.

Viajando a nuestro tiempo, no es extraño comprar un software, pagando su correspondiente “patente”, y que al instalarlo nos genere un problema de compatibilidad con otros programas,  elimine alguno que necesitamos o instale algún otro que no queremos, derivando en severos problemas en nuestro equipo. «Mala suerte, pensamos». Y entonces es cuando, al intentar recurrir al proveedor, amparados por el acuerdo de licencia del producto que hemos comprado, nos encontramos con que zarpan en la dirección contraria,  abandonándonos varados … sin solución: carnaza para los tiburones.

Hemos caído en manos de los modernos corsarios. Desalmados fabricantes de software que, aprovechando su patente (de corso), se hacen con nuestro dinero y se desvanecen. Sin responsabilidad. Impunemente. Los hay grandes y pequeños y están ahí fuera, esperándonos.

Dirán ustedes, ¡al menos nos queda el software libre! Cierto. Para muchos se convierte en la única lancha salvavidas, pero prepárense a remar,  es el esfuerzo que conlleva entenderlo, manejarlo y adaptarlo a nuestras necesidades.

La tentación es clara: ¡nos hacemos piratas y al abordaje! Porque … el software comercial: ¿Vale realmente lo que cuesta? ¿No estamos pagando demasiado por algo que no nos da lo suficiente? ¿Quién custodia la utilidad del software? ¿El Defensor del Usuario?.

La singladura del pirata es cortoplacista, con baja calidad de vida, sin reglas de juego, sin honor. No seré yo quién la recomiende. OjO, tampoco la del corsario.

La calidad de ciclo completo, tanto en el producto entregado como en los servicios de atención al cliente es el único pabellón que reconozco. Pero esta travesía no puedo hacerla solo, por eso invitamos a embarcar en nuestro galeón a todos aquellos dispuestos a luchar contra los piratas y contra los corsarios.

¡ Izad la bandera ! … ¡ Avante a toda prueba !

 

Ver este artículo en el diario Economía de Hoy

Miguel Ángel Nicolao

Miguel Ángel Nicolao

Miguel Ángel es CIO, Director de Innovación y co-fundador de Panel Sistemas. Sigue a @mnicolao11 en Twitter, o visita su perfil en Linkedin. También puedes contactar con él vía e-mail en esta dirección.

Comentarios

4 Comentarios

  1. Javi

    Yo voto por un sistema «meritocrático» en el un colectivo premie a las aplicaciones aclamadas como buenas en ese colectivo. ¿Por que hay tanto «piratón» entrando sin querer en el mundo legal de las apps de Android o Apple?.

    Y puestos a pensar… ¿los que no tienen dinero para pagar aplicaciones, lo tendrán si protegemos esas aplicaciones con leyes del siglo pasado?.

    Responder
    • Miguel Nicolao

      El sistema meritocrático es la base del Applestore (aunque bajo la tutela del «Gran Hermano»), sin embargo, está visto que con los recursos adecuados es posible orientar la percepción colectiva (el AngryBirds, por ejemplo).
      En todo caso, si la aplicación de 2 EUR que nos hemos comprado es una patata, nos resignamos y punto. Nueva victoria de los corsarios … más argumentos para los piratas.
      Javi, me has dejado con la intriga, no consigo imaginar una ley que haga que los que «no tienen dinero para pagar aplicaciones» pasen a tener dinero para ello. ¿ Te animas a darnos un segundo brochazo ?
      Saludos,
      MAN

      Responder

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  1. 5 reglas para la gestión de activos software - Panel Sistemas - […] Lo que opino sobre los abusos como fabricante o como usuario, ya lo hemos plasmado en esta otra entrada, por eso…

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